Mi abuelo Pachu, made several recordings of his mother, my great-grandmother Bita, telling him old family stories. There is a stack of cassettes of Bita telling stories during her last months of life. Bita was my last living great-grandparent and I have many vivid memories of her. Hearing her voice already takes me back to her old house by the beach, and to days spent as a kid, running around with cousins during family parties. I remember her sitting matriarchal on a chair, looking like a hundred years old to our meager few, but always acting lively and engaging, stating opinions and correcting everyone, and always looking wise beyond anything we could comprehend.
Here’s the transcription of one of those stories. This one is about the death of her uncle, my great-great-granduncle, Dr. Rosendo Pratt. This must have been as the 19th century turned into the 20th when she was still a little girl.
Here’s Bita now, you have to imagine it spoken in a low slow tone with a Puerto Rican accent:
“Tío Rosendo siempre estaba acostumbrado a llevarme a su casa, el tenia un coche porque era doctor de bomberos. Doctor de todos. El me venia a buscar en el coche porque yo era su única sobrina y era muchacha y yo me iba a pasar el tiempo a la playa con ellos todo el tiempo.
Tío Rosendo tenía una libreta de visitas pero no le cobraba a nadie, a los ricos porque eran sus amigos, y a los pobres porque no podían pagar. Cuando mataron a Tío Rosendo hubo más de 300 negros gritando a gritos “se murió el padre de los pobres” porque el entraba por alto mundo y curaba a los muchachos y decía “tenga pa’ las gallinas”. Tan guapo y tan simpático que era Tío Rosendo. Esa mujer le daño su vida, Celeste. La Francesa. Esa era el diablo.
La cuestión es que Abuelito Pratt se murió en el rio y después paso la tragedia de Tío Rosendo.
Nosotros queríamos a Tío Rosendo tanto, porque el era tan bueno con nosotros. Y esa finca que teníamos en la playa, en Rio Cañas, se la prestaban papa y mama a el para que se fuera cuando quisiera a descansar, como Tío Rosendo trabajaba tanto. Y estábamos Isabel, Elena y yo a las siete de la noche, bañándonos en la playa cuando sentimos la detonación. Un tiro.
Porque Juancho Bacaran tenia una mujer que era un demonio y se enamoro de Tío Rosendo. Porque Tío Rosendo era muy atractivo y muy buen mozo y eran compadres los dos. Tío Rosendo y Juancho eran íntimos amigos.
Juancho viajaba mucho, parece que con algo del ejercito. Y en Mayagüez había un hombre de apellido Castellón que era uno de esos tipos de mucho lujo, que manejaba carros y cosas y vivía allí al Cabo de Juande al frente de La Bolsa. Y al lado había una casa que tenía una puerta de esas de mitad partida – que abren la ventana arriba y se quedaba la puerta abajo cerrada.
Y por estar en la esquina de la bolsa, todo el mundo veía a ese hombre, a Castellón, entrar y salir por esa ventana. La mujer de Juancho no era una mujer bonita, ella era tía de Tata Galla, pero se enamoraba. Entonces su marido, Don Juancho, vino de un viaje y parece que alguien empezó a decirle cosas. Y el empezó a indagar y de alguna forma metieron a Tío Rosendo. Y le dijeron que su esposa tenía lio con Tío Rosendo. Y parece que sí, que Tío Rosendo también estaba enamorado de ella, que también habían tenido sus líos. Pero a Juancho no le dijeron nada de Castellón.
Nosotros estábamos en la playa en la casa de nosotros, estábamos Tío Rosendo, su esposa Celeste, su hija Isabel y yo. Porque siempre estábamos juntos con mama y Rosendo cuando estábamos en Mayagüez pues éramos muy unidos y ellos eran los únicos dos hermanos que habían vivido siempre fuera.
Nosotras le teníamos terror a la placita del mercado porque Tío Rosendo era un hombre muy esplendido. Y en la playa, había un colmado de un español riquísimo donde Tío Rosendo iba y compraba y compraba y traía a la casa todo y Celeste, la francesa, lo escondía todo. Y cuando nosotros llegábamos Tío Rosendo decía, “Celeste saca lo que hay para que repartas.” Y eran cantitos. Pero a el le daban unas rabietas con ella que a veces cogía por los cuatro puntos con la comida y por la ventana lo tiraba todo, el desgraciado.
Antes de conocer a Celeste, antes de casarse con ella, el estaba comprometido con una muchacha muy rica que, como mama, estaba afuera en España. Pero parece que cogió fiao porque Isabel nació antes de ese tiempo. Parece que Celeste lo agarro en alguna forma y ahí fue cuando se casaron.
Pues esa tarde del tiro, nosotros estábamos en la playa. Rosendo venia a la playa por la noche y se quedaba la noche y la mañana. Y por la tarde se iba a su casa porque pensaba que lo podían necesitar en cualquier momento, como en ese entonces no había teléfono en la casa ni nada de eso. Entonces como de 7 a 8 nosotros nos estábamos bañando en el mar, Celeste en la playa mirándonos porque éramos muchachos, y sentimos la detonación. ¿Y qué ha pasado?
Por ahí por la casa de nosotros en la finca cruzaba el tren que venia de Aguadilla, y Juancho vivía en Aguadilla y el vino y se fijo, y se entero mucho de las costumbres de Tío Rosendo para hacer lo que iba a hacer. Tío Rosendo siempre venia en coche solo, a el le gustaba mucho hacer ejercicio y por la noche después que comía a las 6 se iba a la casa. Nosotros siempre teníamos la costumbre de ir a ver al tren pasar – éramos muchachitas. Y Juancho iba velando a ver lo que veía. Tío Rosendo se iba a pie de la playa hasta su casa porque él decía que le gustaba con el fresco hacer ejercicio. Y parece que Juancho venia ahí y venia con el revolver ya listo, y era un tirador grandísimo.
Y tú sabes que ahí hay dos estaciones en Mayagüez, una en la playa y una más allá donde estaba el parque. Pues Juancho se fue y se apeo en la estación primera y se metió en unos matorrales grandes que habían a los lados y se escondió a esperar a Tío Rosendo. El sabia que Tío Rosendo venia, parece que lo habían investigado todo. Todo esto paso en Mayagüez, en la playa donde habíamos comprado una cuerda, la playa de mi Abuelito Pratt.
Era lejísimo, pero Tío Rosendo venia de allá hasta su casa a pie. En la estación de la playa se bajo Juancho. El iba a matarlo y se escondió un poco antes en unos arbustos de guayaba. Y Rosendo era también un tirador fantástico, el siempre estaba cantando, y cuando le tiro, pues Juancho era también un gran tirador, Juancho le tiro y fue al suelo, un solo tiro y lo mato. Y siguió camino y se fue.
El tren salía de Mayagüez de la playa a las 6 de la mañana para Aguadilla, porque venia de Aguadilla por la tarde y salía por la mañana. Y cuando venia el tren el chofer vio un muerto en la vía – porque fue en la vía que lo mato. Y pararon el tren. Y como Rosendo era un hombre tan conocido, pues todo el mundo se quedo “el Dr. Pratt, el Dr. Pratt”.
Abuelita venia con Miguel Ángel a pasarse el día en la playa, y dice que venían en un trencito chiquito que había en Mayagüez que era como una cajita de fósforos. Era el mismo tren en que yo iba a la escuela. Y en ese tren venia Abuelita con Miguel Ángel y venían hasta allí y entonces iban andando por las vías hasta que llegaban a casa. Y dice que se corrió la palabra “mataron al Dr. Pratt.” Nadie sabía quien lo había hecho, nadie se podía imaginar cómo le fuera a pasar una cosa como esa a un hombre que era tan querido.
Cuando Abuelita llego a casa llego lívida. Entonces llego el cochero que traía el coche vacio y dice “mataron al Dr.” Y eso fue una cosa terrible, fue horroroso. Y dice Abuelita que Juancho venia en el tren ese. Y todo el mundo, las miradas fueron para Juancho. Parece que la gente tenía algunas sospechas o algo.
Bueno, al cabo del rato se fueron. ¿Y tú sabes cómo encontraron que era él? Cuando el había saltado el alambre para matar a Tío Rosendo se le había enganchado el pantalón y se quedo un pedazo así del pantalón y entonces fueron a su casa a investigar y lo había tirado encima del ropero y de ahí lo sacaron y ahí estaba el pedazo de tela del pantalón. Lo apresaron y lo llevaron, no a la cárcel, sino a un depósito de bomberos que había como una cárcel preliminar. Y tu sabes que el era un hombre bueno, porque la que era sinvergüenza era la mujer.
Entonces lo enceraron ahí, y a Tío Rosendo lo llevaron a la iglesia para enterarlo. Y en la calle que llega hasta la iglesia esta la casa de bomberos. Y tú no sabes que cuando pasaron frente a la casa de bomberos llevando el cuerpo de Tío Rosendo hacia la iglesia, se estaba muriendo Juancho que se había cortado las venas. Y dicen que la gente se espeluzaba. De la casa de Bomberos sacaban el cadáver de Juancho muriéndose, muerto ya y a la misma vez pasaba el cadáver de Tío Rosendo camino a la iglesia. Dos hombres buenos muertos por una mujer mala, íntimos amigos, compadres. Eso fue horroroso.
Entonces la casa de Rosendo, la casa en que vivía, una casa muy buena en la playa, se lleno de todos los negros de la marina y gritaban “han matado al padre de los pobres” porque eso era lo que era, el era locura con los bomberos, con todo lo que fuera del pueblo. Y no tenia nada mas que 39 años, un medico famoso que era y no era por los chavos.”


